[PUBLICADO EN CRÓNICA, EL MUNDO]

Nancy Schaw encendió la radio y escuchó una voz: «¡Las 10.28, las 10.28, las 10.28!».

El río Tanana, que en el temprano otoño pasa a convertirse en una inmensa lengua de cristal, comenzaba de nuevo a fluir. Y Nancy, una mujer oronda y risueña, acababa de ganar 13.000 dólares: había adivinado el día, la hora y el minuto exacto en el que empezaba el deshielo de este afluente del legendario Yukón, en Alaska. «¡Es una locura!», exclama ahora la ganadora del Nenana Ice Classic de 1997, una lotería donde los premiados tienen buen ojo. O mucha suerte.

«Yo soy un poco científica: si hace frío apuesto por la primera semana de mayo; si no, por los últimos días de abril», explica Nancy en el negocio de combustibles que tiene en Nenana, un plácido poblado en el corazón del estado número 49. El instante en que la masa helada se escurrió se lo encomendó al azar y al ánimo de aquella mañana en la que introdujo la papeleta en una de las 11 latas repartidas por la localidad. «Nadie puede hacer nada… salvo la madre naturaleza», opina.

El Nenana Ice Classic, una lotería donde el clima reparte dinero, comenzó en 1917, cuando los obreros que trabajaban en el ferrocarril de uno de los lugares más salvajes del planeta apostaron 800 dólares por predecir tan ansiado momento. La última edición repartió más de 360.000 dólares entre 25 personas.

Un inmenso trípode colocado a 90 metros de la orilla del río Tanana sentencia el momento del delirio. Si el artilugio de madera empieza a moverse, una alarma ensordecedora comienza a aullar. Y cuando el naufragio del trípode excede los 100 pies (unos 30 metros), el reloj que corona la torre se detiene. Nunca lo ha hecho de noche, pues la oscuridad ampara las bajas temperaturas. El grueso de los apostadores se centra en el mes de abril y entre las tres y las cuatro: la regularidad histórica es el más fiable indicador.

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